La evaluación ortóptica es un examen especializado cuyo objetivo es diagnosticar o descartar alteraciones de la visión binocular, de los movimientos oculares y de la coordinación entre ambos ojos (como el estrabismo, la ambliopía o «ojo vago», y las heteroforias o el estrabismo latente).
La visita es totalmente indolora y no invasiva, tiene una duración que oscila entre los 20 y los 60 minutos e incluye varias fases instrumentales y clínicas.
El ortoptista tapa y destapa alternativamente un ojo para evaluar la presencia de estrabismo manifiesto o latente y la capacidad de fijación.
El profesional hace que el paciente siga con la mirada una luz o un bolígrafo en distintas direcciones para observar el funcionamiento de los músculos extraoculares.
Se utilizan tablas o gafas especiales para comprobar la capacidad del cerebro para fusionar las dos imágenes de los ojos en una única percepción en 3D. Esta fase se denomina prueba de estereopsia.
Se evalúa la convergencia, es decir, la capacidad de los ojos para converger hacia la nariz al acercarse un objeto.
Cuando el paciente es un niño, el ortoptista utiliza tablas o dispositivos, los denominados «optotipos pediátricos», para medir la agudeza visual de los niños que aún no saben leer letras ni números. Se trata de dispositivos o paneles sencillos en los que aparecen dibujos, símbolos, gráficos o letras con diferentes orientaciones.
La prevención y la rapidez de actuación son fundamentales en la infancia, ya que el sistema visual se desarrolla durante los primeros años de vida.
Se recomienda realizar la primera revisión neonatal antes de los 6 meses, que suele llevar a cabo el pediatra, para descartar malformaciones o estrabismos precoces.
Alrededor de los 3 años se puede realizar la primera revisión ortóptica completa. En esta franja de edad, el niño es capaz de colaborar con respuestas verbales o gestuales, y es la edad crucial para corregir el ojo vago o la ambliopía.
Luego se llega a la edad preescolar, a los 6 años, momento en el que se recomienda evaluar los problemas de coordinación visual que puedan afectar a la lectura y la escritura.
En el caso de los adultos, se recomienda realizar una evaluación ortóptica en caso de visión doble o diplopía, fatiga visual o astenopía, uso prolongado de pantallas de ordenador, traumatismos o tras intervenciones quirúrgicas, siempre que lo indique el oftalmólogo.
Es fundamental prestar atención y detectar a tiempo las señales de alerta, ya que el sistema visual del niño es extremadamente flexible hasta los 6 o 7 años de edad, etapa en la que se pueden obtener mejores resultados con el tratamiento.
Las señales de alerta que pueden indicar la necesidad de una evaluación ortóptica en los niños varían según la edad, pero suelen manifestarse a través de posturas inusuales, comportamientos visuales específicos o dificultades relacionadas con las actividades escolares y la visión de cerca.
Es necesario prestar atención a las señales visuales directas, como la desviación de la mirada de un ojo, el frotarse los ojos o el parpadear continuamente, el cerrar un ojo cuando el niño intenta concentrarse en algo o cuando mira directamente a la luz, y la posición anómala de la cabeza para enfocar un objeto o una imagen.
Además, hay indicios relacionados con el comportamiento y el aprendizaje, como acercarse demasiado a los objetos para enfocarlos, dolores de cabeza frecuentes o fatiga ocular, pérdida de la línea al leer o escribir y dificultades de coordinación motora.
Si se observa con frecuencia incluso solo uno de estos síntomas, es recomendable consultar al pediatra para solicitar una evaluación ortóptica y una revisión oftalmológica pediátrica.
Desde la prevención hasta la rehabilitación: en Life Clinic, la evaluación ortóptica es la herramienta clave para detectar los trastornos de la visión binocular y proteger el bienestar visual de cada paciente, a cualquier edad.